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En la primavera de 1970, entre La Orestíada africana y El Decamerón, Pasolini rodó una película para la que escribió un comentario en verso, pero que nunca terminó de editar. La película nació como una intervención típica de Pasolini: filmar la huelga de los recolectores de basura en Roma, que por aquel entonces trabajaban en dramáticas condiciones sanitarias, y filmar la humildad de su trabajo diario, entre los desechos y restos de la sociedad, en las plazas y en las calles. Pasolini también filmó los rostros de los recolectores de basura.