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Churrería Maravillas abre la noche de fin de año. Inés acepta el turno festivo porque no puede permitirse otra cosa. Miguel, el dueño, aprieta al personal y estira el negocio hasta el límite con un reparto improvisado y trabajadores sin contrato. Mientras la ciudad celebra la noche se acelera entre aceite, pedidos y prisas. Hasta que algo ocurre y obliga a parar dejando al descubierto otra pregunta: ¿Hasta dónde tenemos que deshumanizarnos para resistir en un lugar que ya no espera a nadie?