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Tomás llega a casa de Gustavo y le dice que va para el consolidado a mandar a reparar una cámara de cine. Gustavo se lo impide diciéndole que él la puede arreglar. Tomás, con mucha desconfianza, le deja la cámara. Gustavo, quien evidentemente no sabe nada de esta materia, la arregla perfectamente y se sorprende al ver lo bien que esta funciona.