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Las leyendas pueden ser ciertas.
Durante la calurosa y solitaria siesta riojana, un niño juega con su pelota. En una patada fuerte la pierde. Su madre le advierte que no salga a buscarla, pero él insiste. Caminando entre los yuyos, se distrae con un silbido similar al de la leyenda que su abuelo le contó.